¡Arrepiéntete!

El arrepentimiento es el acto mediante el cual se reconoce el pesar por algo pasado y se hace propósito de enmienda. Más allá, es un cambio interno, del corazón y de la mente, que, por tanto, supone un nuevo renacer del individuo. En muchos textos clásicos, y pienso en La conversión de la Magdalena de Pedro Malón de Chaide, se representa como un cambio de vestido por el que el hombre se desnuda de sus viejos ropajes y adopta unos nuevos tras rectificar sus pasos, o con la imagen de una serpiente que muda de piel. Por supuesto, aunque este proceso puede entederse en clave humana (generalmente amorosa), predomina la óptica religiosa o divina, como una vuelta al rebaño de Dios tras un período de alejamiento, como puede verse en algunos pasajes bíblicos y en las Confesiones de san Agustín.

El poemario Un Heráclito cristiano y segunda arpa a imitación de la de David de Quevedo ya advierte con su bien significativo título de su materia central: porque tanto el filósofo griego que lloraba por las necedades de los hombres como la figura del rey David remiten al tema del arrepentimiento. Precisamente, comienza con un soneto titulado «Pide a Dios le dé lo que le conviene, con sospecha de sus propios deseos»:

Un nuevo corazón, un hombre nuevo
ha menester, Señor, la ánima mía;
desnúdame de mí, que ser podría
que a tu piedad pagase lo que debo.
Dudosos pies por ciega noche llevo,
que ya he llegado a aborrecer el día,
y temo que hallaré la muerte fría
envuelta en, bien que dulce, mortal cebo.
Tu hacienda soy; tu imagen, Padre, he sido,
y, si no es tu interés en mí, no creo
que otra cosa defiende mi partido.
Haz lo que pide verme cual me veo,
no lo que pido yo, pues, de perdido,
recato mi salud de mi deseo.

En el caso de otro ingenio áureo como Lope de Vega, su incursión en la poesía religiosa tiene mucho que ver con la crisis espiritual que atraviesa en torno a 1610, momento en que lamenta sus pecados de juventud y privilegia los versos divinos sobre las obras profanas, como prueban las Rimas sacras (1614) y los Soliloquios amorosos de un alma a Dios (1626). Véase el soneto núm. 18:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh cuánto fueron mis entranas duras,
pues no te abrí! !Qué extrano desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Manana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder manana!

En rigor, se diferencian tres fases: la contritio, la confessio y la satisfactio, según escribe santo Tomás (Suma Teológica, III, q. 90). En plata: lo que se conoce normalmente como el arrepentimiento, esto es, la expresión del dolor y el pesar por las culpas, favorecido por la gracia divina y a menudo manifestado en forma de lágrimas; la confesión de los pecados; y el pago, la compensación con obras de penitencia de la pena por las culpas cometidas.

Especialmente rentable en el universo literario es el arrepentimiento in extremis, solicitado a última hora, a las puertas de la muerte, que permite mostrar la misericordia infinita para los pecadores en un clímax final de gran fuerza emotiva para el auditorio. Recuérdense los casos, todos diversos, de don Juan en El burlador de Sevilla o la Celestina en la Tragicomedia…, que no obtienen fruto, frente a las conversiones ejemplares de tantos pecadores en las comedias de santos del Siglo de Oro.

Porque, al final, más vale tarde que nunca.

Bibliografía

  • Deyermond, A., «“¡Muerto soy! ¡Confesión!”. Celestina y el arrepentimiento a última hora», Medievalia, 40, 2008, pp. 33-38.
  • Flasche, H., «El tema del arrepentimiento en Calderón», Iberoromania, 23, 1986, pp. 174-184.
  • Gallego Zarzosa, A., «Heráclito cristiano: la construcción del arrepentimiento», La Perinola, 13, 2009, pp. 249-261.
  • Novo Villaverde, Y., «“Erlebnis” y “poesis” en la poesía de Lope de Vega: el ciclo de arrepentimiento y las Rimas sacras (1614)», Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, 67, 1991, pp. 35-74.
  • Quevedo, F. de, «Un Heráclito cristiano», «Canta sola a Lisi» y otros poemas, ed. L. Schwartz e I. Arellano, Barcelona, Crítica, 1998.
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