Publicaciones de la categoría: Novela

Quijotes en la narrativa contemporánea

1Ya era hora de volver a escribir, que hacía mucho que callaba. Hoy va de curiosidades, para inaugurar una nueva sección (ya veremos con qué fortuna).

Quizás curiosear por todas partes sea lo primero que uno haga al entrar por vez primera en una biblioteca nueva. Así me ocurrió al llegar a Neuchâtel en el otoño pasado. Entonces, revisando fondos y lagunas me encontré con un pequeño volumen dedicado a los ecos cervantinos en la novela española. La ficha del libro en cuestión es:

 Huellas del Quijote en la narrativa española contemporánea. Jornadas Hispánicas 1995, ed. I. Andrés-Suárez, I. d’Ors y M. Fernández, Neuchâtel, Université de Neuchâtel, 1996. [Cuadernos de Narrativa, 1.]

Según ya se habrá adivinado, trae las aportaciones presentadas durante las Jornádas Hispánicas, la reunión anual de los hispanistas suizos, que este año contaba con la presencia de:

  • Darío Villanueva, «El Quijote desde la novela española actual».
  • Antonio Vilanova, «Don Quijote y Sancho, dos personajes en busca de autor».
  • Luis López Molina, «Ramón Gómez de la Serna frente al Quijote».
  • José María Merino, «Reflexión sobre mi narrativa a la luz del Quijote».

Todo ello, además, estaba acompañado de una introducción firmada por Irene Andrés-Suárez y se echaba el telón con un cuestionario final sobre la deuda que con la novela del loco lúcido que algunos escritores (Carmen Martín Gaite, Medardo Fraile, Luis Mateo Díez y Antonio Pereira) tuvieron a bien responder. En fin, otra cala más, tal vez no muy conocida —al menos para un servidor— pero que merece ser tenida en cuenta. Porque, al fin y al cabo, la sombra de Cervantes y su obra es más que muy alargada.

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Resurrecciones forzadas

«¡Lázaro, levántate y anda!», así se ha transmitido que fueron las palabras de Cristo al hermano de Marta para que resucitase. Del mismo modo, en literatura se cuentan algunos casos de resurrecciones forzosas, obligadas por agentes o circunstancias ajenas a los primeros designios del escritor.

Sir Walter Scott

Sir Walter Scott

Sir Walter Scott, uno de los padres de la novela histórica, escribe jocosamente en nota al cap. 42 de su Ivanhoe:

The resuscitation of Athelstane has been much criticised, as too violent a breach of probability, even for a work of such fantastic character. It was a tour-de-force, to which the author was compelled to have recourse, by the vehement entreaties of his friend and printer, who was inconsolable on the Saxon being conveyed to the tomb. [La resurrección de Athelstane ha sido muy criticada, por ser un duro golpe contra la verosimilitud, incluso en una obra tan fantástica como esta. Fue un tour-de-force al que el autor no tuvo más remedio que recurrir a causa de las vehementes protestas de su amigo el impresor, que estaba inconsolable por la muerte de este personaje.]

Arthur Conan Doyle

Sir Arthur Conan Doyle

Nada de broma por parte del autor tiene otro caso más moderno. Tras una larga serie de entregas, Sir Arthur Conan Doyle decide dar muerte a su personaje en The Final Problem (El problema final, 1891): allí, después de perseguir al malvado Moriarty hasta las cascadas de Reichenbach, cae y muere. Pero resulta que a los lectores esto no les hace ni pizca de gracia, y reclaman el regreso del héroe que tantas horas les ha entretenido: no solo escribiendo cartas a Conan Doyle, sino se dice llevando crespones negros en el sombrero, como si de un luto oficial se tratara.

El escritor se resiste un tiempo, pero al final se rinde, por las razones que fueran. Así, Holmes reaparece en The Adventure of the Empty House (La casa deshabitada, 1894), que da inicio a las trece historias que constituyen el ciclo conocido como The Return of Sherlock Holmes. La solución es bastante sencilla: el detective simuló morir para poder actuar desde la sombra contra los secuaces de Moriarty, y el Dr. Watson relata las aventuras de Holmes durante su «muerte».

No acaba aquí la cosa, porque esta etapa de ausencia, conocida como «The Great Hiatus Years» o «Gran Hiato» (1891-1894), propició que otras plumas divagasen sobre las causas de esta misteriosa desaparición de Holmes: ¿desintoxicación de las drogas? ¿feliz matrimonio con su amada Irene Adler? Pero estas recreaciones quedan para mejor ocasión.

Enfermos del mal de Montano

Para María Arce,
amiga «montana»
y, especialmente, buena gente.

A todas luces, Enrique Vila-Matas constituye una de las mejores plumas en activo de la literatura en lengua castellana. Su extensa obra destaca por la búsqueda constante de originalidad, la intertextualidad extrema y la reflexión metaliteraria, que dan cauce a un abanico de temas y preocupaciones bastante definido: las inseguridades de la vida humana, la aventura y el viaje, la locura y la soledad, o la muerte y el suicidio. Junto a un par de compilaciones de cuentos (Suicidios ejemplares, 1991; Hijos sin hijos, 1993) y algunos ensayos, sus relatos y novelas componen un variado panorama novelístico que experimenta con diferentes géneros y técnicas narrativas: Historia abreviada de la literatura portátil (1985),Bartleby y compañía (2002), Doctor Pasavento (2005) o Dublinesca (2010).

Toda su producción se nutre de la lectura de otros escritores y medita constantemente sobre el arte de narrar y el proceso de escribir. Esto, junto con la complejidad y la inter- e intratextualidad que caracteriza su escritura, ha hecho que Vila-Matas fuese, al menos durante un tiempo, un autor algo minoritario o, si se prefiere, selecto. Asimismo, al núcleo ficcional suma algunas gotas de realidad a partir de sus propias vivencias autobiográficas.

En este sentido destaca El mal de Montano (2002), que fue justamente galardonado con varios premios. Se trata de un texto entre la novela, el ensayo, el diario personal y el relato de viajes donde prima la estructura y la reflexión por encima del argumento en sí. El narrador-protagonista, que firma como Rosario Girondo, atraviesa un período de crisis en el que no puede escribir. Para curarse, escribe «El mal de Montano», nouvelle construida a partir de anotaciones en un diario que constituye el primer capítulo del libro; sigue un diccionario personal de escritores de diarios, una conferencia dramatizada en Budapest, el «Diario de un hombre engañado» que reproduce un adulterio imaginado y una breve culminación simbólica.

Tampoco faltan en este texto las referencias a Portugal, país al que Vila-Matas (y un servidor) se siente muy unido:

Portugal parece de verdad, parece otro mundo. Cuando voy a Lisboa ando por las calles de esa ciudad como si hubiera estado siempre en ella. […] cuando en 1989 fui por segunda vez, tuve la impresión de que siempre había estado en esa ciudad, sentía en cada esquina la memoria difusa de haberla ya doblado. ¿Cuándo? No sabía. Pero ya había estado allí antes de haber estado nunca. […] En Lisboa me siento en casa (pp. 184-185).

Quien sufre el mal de Montano está enfermo de literatura: piensa, siente y ve el mundo desde un prisma formado por sus lecturas. Se lee: «Hablar en libro es leer el mundo como si fuera la continuación de un interminable texto» (p. 55). El personaje, de hecho, acaba deseando combatir los males de la literatura y, dando un paso más, encarnar la literatura misma para defenderla mejor. Más allá de esto, este mal para Valls no se refiere sólo «a la enfermedad de la literatura, sino también a las distintas perversiones en las que ha caído ésta en los últimos tiempos y no por culpa del realismo» (2003, p. 302). Por otra parte, también se trata de un proceso de autoconocimiento, donde se ve afectado el autor a través de su alter ego.

Al fin y al cabo, aquí o allá, quienes amamos la literatura somos un poco Quijotes, somos un poco Montanos.

  • Valls, F., «Don Quijote de las azores o el último novísimo», en La realidad inventada. Análisis crítico de la novela espanola actual, Barcelona, Crítica, 2003, pp. 302-305.
  • Vila-Matas, E., El mal de Montano, 4.a ed., Barcelona, Anagrama, 2011.

El misterio de un manuscrito de Calderón

Dedicado a Fernando Rodríguez-Gallego,
como no podía ser de otra forma,
por la valiosa amistad y
las siempre interesantes discusiones.

No hace mucho se ha publicado la edición de las dos versiones de la comedia de Calderón El astrólogo fingido (Madrid / Frankfurt, Iberoamericana / Vervuert, 2011), a cargo de F. Rodríguez-Gallego. Es una excelente noticia en todos los sentidos, porque es un trabajo muy solvente y digno de toda la atención. En el completo estudio textual, sin embargo, se ha olvidado de un manuscrito que quizás hubiese cambiado el rumbo de sus investigaciones. En concreto, se trata del original del autor y de las copias sacadas para el trabajo de la compañía de cómicos. Claro que estos curiosos textos han vivido un sinfín de peripecias y han sido protagonista de una trama un tanto detectivesca, lo cual puede explicar que mi querido colega no los tenga en cuenta.

Bromas aparte -pues nada hay que pueda criticarse en el excelente estudio ecdótico de Rodríguez-Gallego-, me refiero a la novela El manuscrito de Calderón (Barcelona, Grijalbo, 2005), obra del escritor e historiador José Calvo Poyato. Se trata de la primera entrega de la trilogía de Pedro Capablanca (la segunda es El ritual de las doncellas, 2006 y todavía se espera la tercera), el pesquisidor que se dedica a solventar misterios en la España áurea.

Un par de años tras la muerte de Felipe IV, los corrales de comedias permanecen cerrados. Pero la crítica situación política y económica, con el hambre a las puertas de Madrid y la llama de la rebelión a punto de prenderse, el gobierno de Nithard decreta la reapertura de los corrales con un sonado estreno: El astrólogo fingido de Calderón, escrito para la ocasión. Sin embargo, cuando los preparativos ya están en marcha, desaparecen todos los textos de la comedia. Entonces entra en acción Pedro Capablanca, que con ayuda de sus amigos (fray Hortensio, Inés, Pascualillo y el marqués de las Almadrabas) descubrirá la intriga. Si entre los sospechosos se cuentan al principio don Juan José de Austria (quizás criticado en la acción de la obra) o los religiosos contrarios a las representaciones teatrales, entre otros, al final Capablanca recupera el manuscrito en la embajada de Francia y logra que Berucci, un cómico resentido con Calderón porque este reventó el estreno de El lindo don Diego de Moreto, acabe entre rejas. Acaba con Capablanca y Hortensio saliendo de Madrid para salvar la vida y el triunfo de El astrólogo fingido de Calderón.

Posteriormente, la novela ha gozado de una adaptación dramática firmada por Manuel Canseco en una producción dirigida por Antonio Barrios.

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